lunes, 5 de marzo de 2012

Hablar en Público: Imágenes mentales.

“Me quedo la bebida y las patatas, pero quite esta hamburguesa de mi vista, tráigamela sin mayonesa o iré a su casa, le cortaré las piernas, la incendiaré y miraré como sale arrastrando sus sangrientos muñones.”
                Fragmento de la película “Falsas Apariencias”.





El profesor Stephen M. Kosslyn (1948), psicólogo norteamericano, actualmente es el Director del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Stanford, y además fue Decano del área de Ciencias Sociales de la Universidad de Harvard.  Es un neurocientífico especializado en percepción e imágenes mentales, partiendo del aprendizaje de ciertos rudimentos de psicología cognitiva, que estudia la interrelación entre percepción, memoria y conocimiento.

Kosslyn afirma que las imágenes mentales mejoran la memoria, fundamentalmente por dos razones: primero, porque con las imágenes se puede almacenar no solo la palabra sino también a su significado; y segundo, porque las imágenes pueden cambiarse en escenas que pueden ser recordadas por ellas mismas, dando lugar a otra vía para mejorar la memoria.

Indica además, que “toda persona que tenga que enfrentarse a una audiencia debe familiarizarse con cómo funcionan la percepción, la memoria y los mecanismos del razonamiento”.  Ser capaz de prever como tu audiencia va a procesar unos contenidos ayuda a aprovechar al máximo la capacidad innata de la mente.  Además todo esto se aplica no sólo a los gráficos, sino también al texto, y por lo tanto a la palabra.

Como nuestro objetivo debe ser el realizar nuestra presentación con la mayor claridad y así hacerla fácilmente comprensible a nuestro público, podemos intentar crear imágenes mentales en el cerebro de nuestros oyentes mediante las siguientes técnicas:

1.- Comparaciones.  Podríamos decir de un tejido, que “es aterciopelado como la piel de un melocotón”.  O para hablar de un ladrón al que no puede coger la policía, diríamos: “es tan escurridizo como una anguila entre las manos”.  En ambos casos reforzaríamos lo que decimos con la imagen que generamos en la mente.

2.- Metáforas.  La diferencia de la metáfora con la comparación, es que en la metáfora no realizamos la comparación entre dos cosas, sino que ambas son lo mismo.  Por ejemplo, en una comparación diríamos “tus ojos son como el mar”, y en la metáfora diríamos “el mar de tus ojos.  Decía Aristóteles que “lograr una buena metáfora significa captar con justeza las correspondencias de la vida”.  Por ejemplo, dos personas perdidas y desorientadas serían “dos personas que han soltado amarras y flotan a la deriva en un mar de dificultades”.

3.- Refranes y dichos populares.  Nuestro refranero popular es muy rico y contiene muchos ejemplos que nuestro público reconocerá y que probablemente haya utilizado.  No obstante, hay que utilizarlo con prudencia y sin abuso.  Podríamos decir que hablar mucho y sin parar es “hablar como una cotorra”.  O cuando el que habla repite siempre lo mismo, podremos decir “que habla como un disco rayado”.

4.- Máximas.  Las máximas condensan en pocas palabras y de forma acertada un sabio pensamiento.  Ejemplos:
  • Todo lo que se come sin necesidad se roba al estómago de los pobres.  (M. Gandhi)
  • La caridad empieza en nuestra casa y la justicia en la puerta inmediata. (Charles Dickens)
5.- Aforismos.  Los aforismos son frases breves, rotundas, que se proponen como indiscutibles y que tienen finalidad doctrinal.  Ejemplos:
  • El leer hace completo al hombre; el hablar lo hace expeditivo; el escribir lo hace exacto. (Francis Bacon)
  • Las inteligencias grandes discuten las ideas; las inteligencias medias, los sucesos; y las pequeñas, las personas (Santiago Ramón y Cajal)
6.- La ironía.  Se trata de un recurso que puede ayudarnos a recuperar la atención del público, además de crear la imagen mental.  Ejemplos:
  • Yo solo sé que no sé nada y eso es porque me lo han dicho.
  • Batió todos los records de nivel de alcohol en la sangre.  En realidad, trabajo tuvieron para encontrarle sangre.
La tarea de convertir nuestras palabras en imágenes mentales y visuales no es nada fácil, y requiere mucha dedicación y tiempo, y además le exigirá ser en ese momento un artista.  Al igual que un pintor, usted debe ir dando, pincelada a pincelada, a su texto, para añadir una serie de colores que hagan del cuadro de su discurso una obra armónica y procure hacer disfrutar a su público de eso que es el fin de todo orador, convertir lo importante en interesante.


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