lunes, 26 de marzo de 2012

Hablar en Público: La claridad en la comunicación.

“Una forma para alcanzar la celebridad puede ser ésta: expresar ideas sencillas con claridad, ingenio y cortesía.”
                AndréMaurois (es el seudónimo de Émile Herzog, novelista y ensayista francés, 1885-1967).




Es muy importante la “claridad en el mensaje”, que lo que digamos sea claro para que se nos entienda, pero no lo es menos la “claridad en la comunicación”.    En el primer caso estaríamos hablando sobre qué vamos a decir, y en el segundo caso sobre cómo lo decimos.

Para empezar, y atendiendo a la estructura de nuestro discurso, después de haber realizado la apertura, en la que recuerden hemos de tratar de atraer la atención de nuestro público, y al principio del cuerpo de nuestro discurso, puede que sea interesante explicar los beneficios que nuestros oyentes van a obtener.  Si tiene estructurado su discurso en partes, dígalo y explique los objetivos de cada una de ellas. 

Recuerde que ellos no pueden ver la presentación, así que nuestras palabras deberán convertirse en los ojos de nuestro público y hacer que pueda ver a través de ellas.

Esas partes del cuerpo del discurso deberían ir enlazadas mediante un hilo conductor, de tal forma que no parezca que no tienen nada que ver entre ellas, y por el contrario se entienda que una lleva a la otra de una forma lógica, ordenada y estructurada.  Y para que nuestro público no pierda el hilo, será conveniente ofrecer conclusiones y sumarios de forma regular.  Debemos hacerlo muy visual.

Debemos tener creados unos mensajes principales y unos secundarios.  Los mensajes principales los debe desarrollar de forma clara, y no se canse de repetirlos.

No se desvíe del tema principal, y si lo hace vuelva al mismo en el punto donde lo dejó, y explíquelo.  De lo contrario su público andará perdido, así que llévelos de la mano con sus explicaciones.

En cada uno de los temas que presente, es importante que mencione cuales son los elementos principales, y los accesorios que dependen de los primeros, y cuando pasemos de uno a otro procure que las transiciones sigan una pauta determinada, comprobando que su público no anda perdido y está en el lugar que usted desea.

Cuando explique historias, anécdotas, ejemplos, etc., es muy importante situar a nuestro público en la escena.  Recuerde decir ¿Quién? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué?  Es muy importante poner a nuestros oyentes en situación para que se entienda lo que vamos a explicar y produzca el efecto que nosotros deseamos, y no otro.  Recuerde que nuestra comunicación para que sea eficaz debe tener las cuatro “C”: Clara, Concisa, Concreta y Completa.

Utilice las palabras apropiadas al contexto y a nuestro público.  No hable en la Universidad como si estuviese en mitin, ni hable en un mitin como si estuviese en la Universidad.  Cuidado con utilizar expresiones de la calle, y si lo hace indique el contexto de las mismas.  La sencillez y claridad no quiere decir que abusemos del lenguaje y hablemos de forma incorrecta, todo lo contrario.

Debe utilizar un lenguaje corporal congruente con lo que está diciendo.  No olvide que la expresión de su cara, sus gestos y todo su cuerpo, están transmitiendo constantemente, y que además ellos suponen un 55% del total de su comunicación.  De hecho, deberá utilizar su comunicación no verbal para reforzar los mensajes.

Hemos de interpretar nuestras palabras.  No se trata de una interpretación teatral del discurso, sino del acompañamiento de todo nuestro cuerpo al mensaje que intentamos transmitir.  Por ello, la postura del cuerpo y nuestra gesticulación deberán seguir las siguientes pautas:

·         Han de de adaptarse a su personalidad;
·         No deben parecer ensayados, sino naturales; y
·         Nunca deben ser exagerados.

Seguiremos hablando de esto, pero para finalizar os quería acompañar un texto de Tolstoi en el cual uno de sus personajes hablaba de la vida matrimonial, y que podríamos aplicar la misma descripción al arte de hablar en público, y es que desde fuera parece sencillo, pero cuando estás dentro, compruebas la dificultad:

 “Era feliz, pero al empezar su vida familiar veía a cada momento que era completamente distinta de lo que había imaginado.  Constantemente experimentaba lo que experimenta un hombre al entrar en una barca después de haber admirado su marcha suave por un lago.  Se daba cuenta de que no bastaba con guardar el equilibrio, limitándose a no balancearse; era preciso no olvidar ni un solo momento el rumbo, ni que había agua debajo, que se debía remar y que dolían las manos no acostumbradas a ello.  En una palabra: era fácil contemplar aquello, pero muy difícil de hacer, a pesar de ser agradable.”

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