jueves, 8 de marzo de 2012

Hablar en Público: La voz.


“Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz.”
         Leonardo Da Vinci (pintor, arquitecto, inventor, botánico, escritor, poeta, científico, músico, etc., italiano, 1452-1519).

“Nada revela tan fiablemente el carácter de una persona como su voz.”
         Benjamín Disraeli (político y escritor británico, 1804-1881).



La eficacia del mensaje oral no radica tanto en las palabras, sino en cómo se presenten, en la locución (elocutio), o mejor dicho en la forma sonora en que se recibe el mensaje.  A través de la voz introducimos matices expresivos mucho más ricos y complejos.

Entonces, si queremos dominar las técnicas de comunicación oral, no deberemos conformarnos con utilizar las palabras apropiadas, sino que deberemos convertirlas en recursos con un alto grado comunicativo.  Recuerde que será la voz, y no la palabra, lo que quede en su público.

Cuando hablamos en público, nuestro mensaje lo emitimos mediante la palabra con el uso de la voz.  Y dado que la voz es básicamente sonido, sus cualidades serán las mismas para ambos: la intensidad, el tono, el timbre y la duración.

Como recordará, el profesor AlbertMehrabian descubrió que el impacto del mensaje verbal (palabras) se corresponde con el 7%, el 38% es vocal (el tono de la voz, las pausas, los matices y otros sonidos) y el 55% restante se corresponde con la comunicación no verbal.  Por lo tanto, nos estamos refiriendo al 38% de nuestra comunicación, lo cual supone una parte muy importante de nuestro mensaje, y deberemos cuidarla.

Veamos a continuación, y una a una, que son y que suponen estas cualidades de la voz:

1.- La intensidad.  Los sonidos son fuertes o débiles según sea la intensidad.  En nuestro discurso la intensidad deberá ir en función de diferentes aspectos, como nuestro estado de ánimo, la situación del momento, o la importancia que queramos destacar en lo que estamos diciendo.

La diferente intensidad ayudará a nuestro público a diferenciar lo importante de nuestro mensaje, y trasladará la carga emocional.  Además, servirá para evitar la monotonía consiguiendo captar el interés en aquello que deseemos.

2.- Tono.  El tono se refiere a la gravedad o la agudeza, que son frecuencias elevadas o reducidas del sonido.  Por lo general el oído humano percibe como más agradables los tonos graves que los agudos, por lo que aquel orador que tenga un tono muy agudo debería probar a hablar en un tono más grave.

Es de todos conocido que cuando Margaret Thatcher “se convirtió en líder del Partido Conservador, tomó clases para poner su voz de otra manera y así poder hablar mejor en público.  Tenía que hacerla más grave, más rica, aprender a respirar.  Así que tuve que aprender sus dos voces, la que tenía cuando empezó y la que tuvo después, cuando se convirtió en líder”. (fragmento de una entrevista a Meryl Streep, acerca de su película “la dama de hierro”).

3.- Timbre.  El timbre tiene relación con la fuente sonora del que proviene, por lo que puede variar en función del sexo o la edad de la persona, por lo que nos proporciona una fuente informativa sobre ella.  El timbre natural de nuestra voz puede cambiar si se somete a un procedimiento eléctrico de carácter técnico, como por ejemplo el escuchar nuestra voz en la radio, la televisión, un micrófono, una grabadora, o el teléfono.  Hay veces que hasta nos cuesta reconocer nuestra voz.

4.- Duración.   Se refiere a la cantidad de sonido y a la velocidad con que se habla.  Esta cualidad nos hará notar los estados psicológicos y anímicos del orador: la duda, la ansiedad, el cansancio, la vehemencia, el interés y otros.

Dado que este es un tema muy importante y extenso, el próximo día les hablaré de la locución, y sobre todo de sus factores fundamentales: la entonación, la vocalización, el ritmo y la actitud.  Pero hoy quédense con lo importante: debemos obtener de la propia voz el mejor rendimiento posible, por lo que hemos de conocer como se produce fisiológicamente, deberemos educarla por medio de ejercicios, y cuidarla para evitar problemas.  No se trata de una cuestión de dotes naturales, sino de práctica.  Así que, cuiden su voz.

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