lunes, 12 de marzo de 2012

Hablar en Público: La locución.

“La comunicación no es como una emisora y un receptor.  Es una negociación entre dos personas, un acto creativo.  No se nos mide por el hecho de que el otro entienda exactamente lo que uno dice, sino porque él también contribuya con su parte, y ambos cambien con la acción.  Y, cuando se comunican realmente, lo que forman es un sistema de interacción y reacción bien integrado”.

                RayBirdwhistell (antropólogo americano, estudioso de la comunicación no verbal y creador del término cinesis (kinesics), 1918-1994).





Ya habíamos comentado que las cualidades de la voz son las mismas que la del sonido: la intensidad, el tono, el timbre y la duración.  Esto contribuirá a través de la modulación de la voz a que le añadamos una musicalidad al mensaje, que abre unas posibilidades muy amplias y que enriquece el mensaje.

Nuestro diccionario de la Real Academia Española define “locución” como el acto de hablar o el modo de hablar.

Dante Alighieri escribió “De vulgari eloquentia”, donde ensaya sobre la locutio vulgaris, el lenguaje natural, diferenciándolo de la locutio secundaria o gramática, el lenguaje artificial en las dos lenguas gramaticales, latin y griego.  Dante destaca el término locutio, del verbo loqui, que significa el don de la palabra.

Nosotros a la hora de hablar en público, entenderemos como locución el don de la palabra a través de la voz.  Y como ejemplo tenemos al locutor de radio, que será el máximo exponente del poder de la palabra a través de la voz.  Por ello, a la hora de hablar en público deberemos conocer ese poder y saberlo utilizar.

En la locución influyen cuatro factores fundamentales: entonación, vocalización, ritmo y actitud.

1.    La entonación. La define Ana Mena González en su obra “la educación de la voz” como: “la curva melódica que describe la voz al pronunciar las palabras, frases y oraciones, es decir cuando hablamos.”  Se tratará del registro sonoro entre el más grave y el más agudo.

Cada persona tenemos nuestro tono de voz, que es el registro que producimos con más naturalidad y menos esfuerzo.  Alrededor de esta nota, que se llama frecuencia fundamental, se producen los movimientos, dentro de lo que se denomina el campo sonoro.  Por tanto se trata de variables que irán en función de los individuos.

Tomás Navarro Tomás en su Manual de pronunciación española indica que “la entonación es el elemento mas activo e importante entre los factores que integran la compleja naturaleza de la lengua”, por ese motivo deberemos practicarla.

Cuando un discurso no es rico en matices, decimos que es monótono, y la consecuencia de esto es el aburrimiento.  Debemos buscar el dinamismo de nuestro discurso aumentando y disminuyendo el tono, yendo más rápido o más lento, provocando pausas, pues la variedad será uno de los factores que provocará el interés en nuestro auditorio.

Algunos consejos para variar el tono:
  • Entienda completamente lo que va a decir, para posteriormente poderle dar el sentido que usted desee.
  • Distorsione las curvas de entonación para captar el interés.
  • No solo construya oraciones enunciativas, utilice también las interrogativas y las exclamativas.
  • Varíe la velocidad y domine el ritmo.
  • Haga pausas, pues el silencio también habla.
  • Subraye con la voz las palabras clave.
  • Pronuncie ciertas palabras de forma que suenen a lo que significan.  Por ejemplo: decir tumba con una voz tenebrosa.
2.    La vocalización.  Provocará o no, la claridad en la transmisión del mensaje.  La mala dicción puede provocar incluso la pérdida de credibilidad del mensaje.

En una comunicación normal no es necesario vocalizar correctamente, ya que si nuestro interlocutor no nos entiende, podrá preguntarnos.  Sin embargo esto no ocurre cuando hablamos en público, por lo que deberemos esforzarnos para vocalizar correctamente.  Esto se consigue moviendo correctamente los labios, la boca y la lengua, que son los órganos de fonación.

Debemos intentar conseguir sonidos firmes, redondos, vibrantes, homogéneos y sin temblores.  Un estupendo ejercicio será el sujetar con las muelas un bolígrafo e intentar hablar con él pronunciando lo mejor posible.  Lea un texto cualquiera durante dos minutos diarios y verá como mejora su dicción.  Otro ejercicio es el intentar pronunciar sílaba por sílaba de forma muy lenta e intentando hacerlo con la máxima perfección, y posteriormente vaya aumentando la velocidad hasta hacerlo a la máxima posible.

3.    El ritmo.  Cada discurso debe tener su ritmo, como pauta general.  Incluso dentro del mismo, debe variar también el ritmo general para proporcionarle variedad.

Dale Carnegie nos indica que “La inmediata fuerza expresiva que posee un ritmo trepidante y un tono suave, un tono mayor y uno menor, un período rápido y uno lento, una más o menos abrupta elevación y descenso de tono, un tono alto y uno quedo. ¡Éstos son los más importantes y elementales medios creativos de todo arte sonoro, sea la música, la palabra o los ruidos!

El ritmo no debe ser ni demasiado rápido ni demasiado lento.  Un ritmo demasiado rápido producirá tensión y uno muy lento cansancio.

Es habitual entre principiantes en este arte de hablar en público que, debido al nerviosismo, se precipiten y aceleren su discurso, quizá con la esperanza de acabar pronto el suplicio por el que están pasando.  Esto hace que se aprecie su intranquilidad, vocalice mal y no sea comprendido, no module su voz, y al final dificulte la atención del público hacia el mensaje.

4.    La actitud.  Nuestra elocución debe adecuarse al público, al contexto y a la situación en que lo pronunciamos.  Cada situación, sea más formal o informal, requerirá de una forma de actuar determinada.  No es lo mismo hablar en una Universidad, que hablar en un mitin de un sindicato.  Cambiará la solemnidad, el tratamiento, la forma de hablar, las alusiones personales que hagamos, incluso los chistes o anécdotas que contemos, la cercanía o lejanía en el trato que tengamos, etc.

Todo esto que hemos comentado acerca de la voz y la locución, debe complementarse con una respiración adecuada.  Si no conseguimos una respiración correcta, en la que empleemos los pulmones y el diafragma, puede conseguir disfonías e incluso una sobrecarga de las cuerdas vocales.

Lo correcto sería inspirar el aire e introducirlo hasta el diafragma, evitando la respiración costal superior, así de esta forma la laringe solo se utilizaría para la vibración y no también para la regulación de la salida del aire.  Además obtendríamos una cantidad de aire superior (casi el doble) lo que permite inspirar menos veces y reducir la fatiga.  La salida del aire se debe producir por el esófago, lo cual provoca una voz más grave y aterciopelada, con más cuerpo y presencia.

Para finalizar, si queremos educar nuestra voz deberemos pasar por cuatro fases:

a.    Articular de forma correcta y clara.
b.    Desarrollar un tono agradable.
c.     Tener una buena respiración.
d.    Utilizar efectos especiales (acentos, tonos, etc.).

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