miércoles, 29 de febrero de 2012

Hablar en Público: El contacto visual.

“Las palabras están llenas de falsedad o de arte; la mirada es el lenguaje del corazón.”
         William Shakespeare (escritor y actor inglés, 1564-1616)

“El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.”
         GustavoAdolfo Bécquer (poeta español, 1836-1870)

“Optimista es el que os mira a los ojos, pesimista, el que os mira a los pies.”
         GilbertKeith Chesterton (escritor británico, 1874-1936)





Hoy acompaño tres citas sobre el contacto visual.  Todas de grandes escritores, pero cada una de ellas es un pequeño trozo de sabiduría que nos está diciendo la importancia que tiene la mirada y lo que nos puede decir de una persona.

Cuando hablamos con una persona, tenemos la necesidad de mirarle a los ojos para poder establecer comunicación y poder reforzar nuestro mensaje.  Yo diría que es imprescindible para poder conectar, el engancharnos a su mirada.  De la misma forma que buscamos en el dial de una radio la emisora hasta que la sintonizamos, de esa misma manera buscamos en su mirada la conexión.  La mirada es uno de los elementos más relevantes de la comunicación no verbal.

Recuerdo que en diciembre de 2010 se publicaron por Wikileaks unos documentos secretos del gobierno estadounidense, en los cuales se reflejaba como veía Washington a nuestro Gobierno de entonces.   Me llamó la atención los comentarios que hacían de nuestro ministro de Fomento, José Blanco, y que reflejo a continuación de forma literal: “no mira a los ojos al saludar, no es fiable y políticamente rudo”. 

El no mirar a los ojos al hablar, genera desconfianza y da la sensación de ser una persona oscura y de la cual uno no se puede fiar.  Pero tener también una mirada fija y sostenida provoca incomodidad y puede llegar a entenderse como una señal de amenaza.

En el lejano oriente se considera de mala educación mirar a la otra persona mientras se conversa.  Sin embargo, los norteamericanos interpretan el contacto visual prolongado como un signo de atracción sexual.  Se trata de una cuestión cultural, que varía según las costumbres de cada país.

Podemos leer el rostro de otra persona sin mirarle a los ojos, pero cuando los ojos se encuentran no solo sabremos cómo se siente el otro, sino que el otro sabrá que nosotros conocemos su estado de ánimo.

Jean-Paul Sartre dijo que el contacto visual es lo que nos hace real y directamente conscientes de la presencia del otro como ser humano, con conciencia e intenciones propias.  Cuando los ojos se encuentran, se nota una clase especial de entendimiento, de ser humano a ser humano.

Establecer contacto visual o no hacerlo, puede cambiar enteramente el sentido de una situación.  Imaginemos la diferencia entre no saludar a una persona simulando no verla, o mirarla directamente y negarse a reconocerla, la diferencia es tremenda.

Cuando nos encontremos ante nuestro público y tengamos que dirigirnos a ellos, es fundamental que establezcamos comunicación con ellos mediante el contacto visual.  Bastará con que mantengamos aproximadamente unos tres segundos la mirada con cada oyente.  Podemos ir haciéndolo por grupos, e ir cambiando la mirada de forma aleatoria.

Es conveniente que no nos olvidemos de mirar a los que se encuentran más lejanos o en zonas con obstáculos, como columnas.  Pensemos que ninguno de nuestros oyentes se debe marchar con la sensación de que no le hemos visto, y no nos hemos dirigido a ellos.

En cierta ocasión, uno de mis alumnos me preguntó si había alguna forma de evitar la mirada, porque él ya se sentía muy mal siendo observado por todos, para que además tuviera que fijar la vista en sus ojos.  Yo le respondí, que salvo que estuviese muy cerca, en vez de mirar a los ojos podía mirar a la parte superior de su cabeza, pues a cierta distancia será difícil para nuestro público saber donde miramos.  Esta es una solución para casos extremos, pero aconsejo mirar a los ojos y conectar de verdad con nuestro público.

Evite la comodidad de buscar una cara amiga, y contactar únicamente con esa persona.  El resto de nuestro auditorio se va a sentir celoso, y va a pensar que solo se lo está contando a esta persona.

Acompañe su mirada con una sonrisa amable, y verá que su público también le devuelve la sonrisa.  Y sobre todo, no deje que nadie se vaya sin que le haya dedicado una mirada.

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