sábado, 18 de febrero de 2012

Hablar en Público: El Cuerpo del discurso.

“Si tengo que pronunciar un discurso de dos horas, empleo diez minutos en su preparación.
Si se trata de un discurso de diez minutos, entonces tardo unas dos horas en prepararlo.”
Winston Churchill (político británico, 1874-1965)






Antes de comenzar a diseñar el cuerpo de nuestra presentación, hemos de tener muy claro cuál va a ser su finalidad. Si será para informar sobre algo, para convencer sobre un asunto determinado, si vamos a pedir algo a nuestra audiencia, etc. La finalidad debe marcar nuestra guía de actuación y no debe perderse de vista en ningún momento.

Así como el objetivo primordial de la apertura era atraer la atención del auditorio, en el cuerpo de nuestro discurso deberemos buscar la involucración de nuestros oyentes. Ellos viven en un mundo aparte del nuestro, con sus propios problemas, sus propias vidas, y pueden pensar: bueno lo que me están contando está bien, pero ¿qué me importa a mí esto? Ese será nuestro objetivo, hemos de dar respuesta a esta pregunta y hacer que lo “mío” pase a ser lo “nuestro”.

Hemos de exponer nuestros argumentos de forma que apoyen nuestro criterio sobre el tema tratado, y no deberemos aportar en ellos más de tres evidencias. Muchas veces, los oradores se pierden en un sinfín de datos y argumentos que al final cuestionan la propia tesis del orador. Con tres evidencias será suficiente, no cansaremos a nuestra audiencia, y utilizaremos de forma eficaz el tiempo.

En cambio, no nos hemos de cansar de utilizar ejemplos. Cuando hayamos presentado nuestra idea clave, no hemos de aclararla con otras palabras, sino con ejemplos. Al público le enfada el escuchar lo mismo varias veces y con distintas palabras, piensa que se le está tomando por tonto, en cambio le encanta que se le pongan ejemplos. Además, desean que se utilicen ejemplos corrientes, que sean verosímiles, y que tengan relación con lo que se está contando.

En cuanto a los ejemplos, deberemos tener preparados una lista de ejemplos para ser utilizada. Hay seis tipos de ejemplos que podemos utilizar:
  1. Los preferidos son aquellos que tienen un origen histórico.
  2. También interesan mucho los que se refieren a personajes famosos (citas, anécdotas, etc.).
  3. Los que animan con nueva fuerza determinados acontecimientos históricos.
  4. Ejemplos que se basan en analogías representativas.
  5. Ejemplos que permiten traducir datos estadísticos en imágenes impactantes.
  6. Ejemplos mezclados con ilustraciones visuales.
Hay que introducir aspectos que provoquen la curiosidad en nuestros oyentes. Deben querer continuar escuchándonos hasta el final, de la misma forma que cuando estamos leyendo un libro y se ha hecho tarde, debemos abandonar la lectura, pero nos resistimos a ello porque queremos seguir leyendo un poco más. Hay que incitar a nuestros oyentes a querer seguir escuchándonos, por ello lo que estemos contando debe provocar su interés y curiosidad.
Hemos de introducir también cuestiones de interés humano y de humor para que nuestra exposición sea dinámica y diversa. El humor romperá con la monotonía del discurso. La gente está dispuesta siempre a aprender nuevas cosas, pero odia el aburrimiento, y un toque de humor provocará un cambio en el estado de ánimo. De todas formas, hay que tener mucho cuidado con el humor ya que puede encerrar muchos aspectos peligrosos, por lo que deberemos tener cuidado. El humor deberá seguir estas reglas:
  • Que sean pertinentes al tema.
  • Que el paso del contexto de la conferencia a la nota de humor sea casual.
  • Que el regreso al hilo de la conferencia se haga con naturalidad.
Compruebe que las transiciones entre los diferentes puntos que va a exponer, siguen un orden coherente y comprensible. Si es necesario, deberá repetir los puntos a mitad del cuerpo, como refuerzo, ya que sus oyentes no releen y debe ser Ud. quien realice el refuerzo de lo dicho.
Nos vamos a encontrar gente escéptica que se pregunte por qué tiene que creerle, y que se cuestione quién además de nosotros apoya nuestra teoría, o en qué datos se basan las informaciones que presentamos. Es una cuestión que debemos tomar con naturalidad y que se deben disipar de forma inmediata, aportando los datos exactos y las fuentes en las que se basan nuestra presentación y nuestro criterio.
La construcción del cuerpo no debería rebasar los seis puntos como máximo, y mas del 50% de de nuestra presentación debe consistir en la presentación de las evidencias. Y esas evidencias deben ser las más adecuadas al tema que exponemos y al auditorio que lo va a escuchar.
Si queremos convencer de nuestros argumentos hay que recordar un aforismo jurídico: “Recordaremos que no basta con tener razón, hemos de demostrar que la tenemos y conseguir que nos la den.”
Una vez hemos realizado la presentación del Cuerpo de nuestra exposición quedará pendiente únicamente realizar el Cierre que provoque una impresión duradera y positiva, que tenga un impacto motivacional y provoque el aplauso.
“Finis coronat opus” (El fin corona la obra)
Expresión latina

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